jueves, 27 de abril de 2017

27 de Abril: Se cumplen 61 años de la Derogación de la Constitución Nacional de 1949.

Hoy se conmemora el 61º Aniversario de la Derogación de la Constitución Nacional de 1949. En esos tiempos, el movimiento obrero tenía un fuerte peso político-institucional y el desenvolvimiento de la economía había estimulado la diversificación de las clases propietarias y el surgimiento de una pujante burguesía industrial y una vibrante clase media.

El peronismo dio unidad y expresión política a esa fusión de fuerzas sociales; el liderazgo del general Perón potenció sus aspiraciones emancipatorias. La Constitución de 1949 fue el producto de esa síntesis histórica. Su eje fundamental era “la decisión de constituir una Nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana”, promover “el bienestar general” y “la cultura nacional” (Preámbulo).

De esta manera, se ratificó el respeto a la propiedad privada y se le reconoció una función social; su ejercicio debía aceptar la primacía del bien común.  Sus diversas formas de explotación no pueden contrariar los fines de beneficio común del pueblo argentino.” (art. 38). Ello es así porque “el capital debe estar al servicio de la economía nacional y tener como principal objeto el bienestar social” (art. 39). “La organización de la riqueza y su explotación tiene por fin el bienestar del pueblo dentro de un orden económico conforme a los principios de la justicia social” (art. 40).

Con la Constitución de e autorizó al Estado a intervenir en la economía, nacionalizar servicios públicos y empresas cuando el interés nacional lo requiriera y se declararon “propiedad imprescriptible e inalienable de la Nación” todas las fuentes naturales de energía.

La Argentina de esa Constitución fue la del pleno empleo, de la educación y la salud públicas, de la industria que producía aviones, barcos, camiones y automóviles; que exportaba alimentos, manufacturas, cultura, ciencia y tecnología.

El golpe militar de 1955 derogó la Constitución mediante una reforma. La organización económica y política diseñada en el texto de 1949 era incompatible con el intento de retornar por la fuerza a un esquema oligárquico neocolonial. El sometimiento de la política monetaria y financiera al FMI, la represión de los militantes populares y sus organizaciones gremiales y políticas, el castigo a la producción nacional necesitaban justificarse en un instrumento jurídico que habilitara el retroceso que se quería imponer.

En estos escenarios de exclusión social e incertidumbre, los grandes principios de la Constitución de 1949 siguen marcando el rumbo de las luchas democráticas y populares: la justicia social como condición para el ejercicio soberano de decisiones que apunten a imponernos inaceptables tutelajes internos o externos. El gran desafío es llenar de contenidos reales las grandes banderas del ‘49 en el mundo globalizado e interdependiente del siglo XXI.
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